Friday, December 16, 2016

La Gran Estación


Viaje en automóvil. Los pasajeros somos mi padre, alguien más y yo. Entre idas y venidas por la autopista vamos y venimos de un lugar a otro y sabemos que debajo, al lado, está un gran parque: es una especie de estación de autos. La estación está algo escondida, al parecer no todos bajan a ese lugar. Es un lugar donde se reparan autos, o mejor dicho, donde se ponen a tono, se arreglan y se les hacen modificaciones especiales. Por eso mucha gente no baja, porque no consideran necesario modificar sus autos. La mayoría usan sus autos como los han comprado desde la fábrica. El boleto de entrada general a la estación es de hecho muy barato. Nos damos cuenta que ahí dentro hay que pagar propinas. Se ven muchos hombres trabajando ahí; entendemos el sistema, que consiste en dar una buena propina a los trabajadores que te ayudan con tu auto. Aunque en principio está prohibido pedir dinero, esa es la forma en que ellos se ganan dinero: secreta y exclusivamente; no reciben sueldo. Hay una gran escasez de empleos en todo el país.  Aunque pareciera este sistema una forma de corrupción, pensamos que  eso es más bien un incentivo. Vemos varias partes de automóviles que quizá tengamos que usar para el nuestro la siguiente vez que estaremos ahí. Un hombre F al que le faltan varios dientes nos señala una y nos dice que la puede guardar, para nosotros.

Damos una vuelta y volvemos a entrar en a la autopista. No hemos entrado a ningún taller. Cuando regresamos, está entre los trabajadores F, el hombre de antes, que se ve mucho más acabado que los demás. Camina entre los autos. Pienso que quizás ha tenido una vida dura, su aspecto, sus marcas en el rostro eso indican. Este hombre F nos propone que vayamos a su garage, insinúa que donde él trabaja, con una pequeña propina el auto quedará mejor que nunca, y muestra el lugar.

Otra vuelta y finalmente regresamos. 
Al decidir que vamos a entrar en un taller, vamos precisamente al garage que nos mencionó el hombre. Entre los autos que acuden ahí hay gente muy rica, que lleva sus autos super raros, de colección. Con esos autos los autos harán fiestas, o viajes especiales, Vemos un cartel de una carrera en particular para gente rica. Se puede ver entre los que están haciendo fila hay gente muy fina, con ropa bonita, con dinero; que sin embargo están ahí también, personalmente para arreglar sus carros ellos mismos. Hay por ejemplo un auto larguísimo que lleva por la parte de fuera una especie de tela blanca imitando las alas de ángel. Muy largo. Un grupo de jóvenes aproximadamente quince o dieciséis años, sonríen desde las ventanas.También entre los autos que se ven ahí afuera otros automóviles, coches de gente igual de rica, que vienen de clubes de autos especiales, ellos también van ahí. Sin embargo el hombre F sin dientes no está ahí, tendremos que dar el dinero a alguien más.

Mientras unos trabajan con nuestro automóvil salgo a dar un paseo. Hay más gente por ahí en los pasillos, hablan de sus fiestas, algunos incluso vienen disfrazados todavía. En un pequeño cuarto hay una pareja que está cantando algo así como hard rock y tienen una pequeña cámara de TV. Saben bien lo que hacen, seguramente son artistas profesionales. Mientras ellos tocan su música, detrás de una cortina negra ocurre además un breve encuentro sexual. Esas cosas también suceden mientras la gente espera. 

Al dar la vuelta y salir cruzando por ese cuarto finalmente aparece el hombre F. Tiene aspecto de estar más ebrio que lo común, y está sucio, huele mal como si hubiese vomitado. Sin embargo al parecer está feliz de verme. Se pone contento de saber que he llevado el auto ahí. Me explica que ya no trabaja ahí, que abandonó su trabajo. Pero camina junto a una chica muy agradable y van riendo y disfrutando; ahí están sentados él y esa chica que lleva unos pantalones cortos color beige, están bajo uno de los puentes de la autopista. Ella se ve siempre muy contenta y divertida de hablar con este hombre tan estrafalario y sucio. Me acerco a ellos y él me dice que quiere presentarme a su novia, Me dice que la conozca. Es en verdad una muchacha muy bella porque siempre tiene una bonita sonrisa. Curiosamente me dice que ella es de Mazunte, de la playa en Oaxaca; por eso yo me puedo identificar tan bien con ellos dos, pienso. Les comento que quizá ella vive en Mazunte, pero como es blanca, no parece ser originariamente de ahí. No importa, al final les hago una broma diciendo que la gente que es verdaderamente de Mazunte no son necesariamente los que viven ahí; ellos me entienden todos reímos. Entonces F bebe de su botella que yo había pensado que estaba vacía, o que probablemente si tiene un líquido ahora tendría orina. Quiero advertirle pero él no me escucha, no importa. Pienso que dada su grata compañía, en verdad esa y muchas otras cosas no importan demasiado; no importa abandonar el trabajo, o traer la ropa tan sucia y apestosa como la suya. 

Monday, October 31, 2016

El vestido de mujer

Caminaba por una colonia nueva de la ciudad. Pensaba que tendría que aprender los nuevos caminos; ese día iba hacia la universidad. Tomé un camino bastante amplio, una bonita avenida de dos sentidos con un camellón y con muchos árboles. Entonces advertí que iba vestido de mujer. Llevaba un vestido casual, rojo con lunetas blancas que caía por encima de la rodilla. Me daba risa pensar cómo se verían mis piernas con el vestido, y en general cómo me vería yo. También pensaba que al menos no soy gordo, de modo que no se vería tan mal. Pero al seguir caminando me dí cuenta que era llamativo, la gente me miraba, y no podía caminar tan tranquilo a la universidad como antes lo hacía. Pensé que no me gustaría si un hombre me siguiera, o me dijese cualquier cosa alusiva o de carácter sexual. Yo no era una mujer, aunque lo parecía. Comencé a caminar de la manera menos femenina posible, según yo, para que fuese obvio que no era realmente una mujer. Aunque al mismo tiempo pensé: muchas mujeres caminan también así en realidad; o sea que como caminara no importaba realmente.

En una facultad estaba yo averiguando algo y preguntaba en un pasillo. Entonces un hombre de mayor edad, con boina y bufanda, de aspecto un poco raro, se me acercó y comenzó a hablar conmigo. Yo sentí inmediatamente que se interesaba en mí, y eso me puso nervioso(a). Al mismo tiempo, él tenía lo que yo estaba buscando. Libros, información. Sin estar seguro cómo sucedían las cosas, le iba siguiendo, y tenía que aguantar sus bromas pesadas y sus risas, jajaja. En el camino pasamos por una calle donde había casas con techo de dos aguas, y un tranvía de modelo no muy reciente. Mucha gente ahí caminaba o cruzaba por en medio de la calle, sin importarle mucho el tráfico. En un momento me detuve a pintar una banca de amarillo. Tenía la impresión de que esas calles se parecía a algún lugar en Bratislava, Bucarest, o algún lugar similar de Europa del Este, en verano.  Pero no tenía idea dónde estábamos.

Finalmente aparecimos en su casa, donde él tenía los libros y documentos que buscaba. En la calle había unos globos o banderas de colores que se podían ver por la ventana. Me parecía extraño. El hombre seguía diciendo cosas provocativas, ofensivas quizá, y reía. Hacía bromas, me abrazaba y me soltaba mientras yo escuchaba sus carcajadas, aunque ni siquiera fingía la risa. Me senté en un sillón cerca de la ventana, mientras él organizaba los documentos y hablábamos; fumaba y se paseaba dando vueltas alrededor de mí. Finalmente entendí los documentos que me mostraba, eran como una especie de viejos planos, algo sobre arquitectura. Comprendí que todo eso era algo que ya sabía desde antes, pero era mejor ahora estar seguro y estar viendo lo que habían hecho. Todavía no estaba seguro si él sabía que yo no era mujer. Tenía algo de miedo. Aunque sabía que si él intentaba hacerme algo yo podría luchar con él, creo que me daba miedo que me descubrieran. De todos modos, ya me quería ir de ahí. De pronto ese hombre insoportable me dice esto: "tengo una hija pequeña". Y mientras volvía a reírse me señaló algo detrás de mi, con la vista. Al abrir una pequeña puerta, junto al silloncito, pude ver un pequeño ropero, con varios vestiditos vistosos y de colores distintos, y un abrigo de niña. Después ví los pequeños zapatos, abajo, y traté de imaginar el tamaño y la edad de la personita que los llevara.

Entonces el hombre se acercó e intentó abrazarme y besarme el cuello y yo con asco simplemente lo retiré con el brazo. "Eso no va a suceder", le dije. Entonces él pegado a la mesa supo que yo era hombre. Él se alejó hasta la ventana y gemía de rabia y frustración, mientras sus manos sostenían el cigarrillo, temblando, y su gesto se contorsionaba. Cuando por fin pudo hablar me dijo "pero tenías que gustarme así; era la única manera de que vieras esos vestidos", Entonces él volvió a reír de nuevo, ya más tranquilo. Aunque yo estaba realmente molesto con él, así que me fui. Mientras salía (mientras despertaba) pensé "esta es también la única manera de que yo supiera lo que se siente traer un vestido puesto."