La casa de antigüedades
Mis padres están de visita. Ellos están ahí para que vayamos al centro de la ciudad. Allá en el centro hay una casa que es propiedad de ellos y me la quieren mostrar. Sin embargo, en el camino yo estoy contrariado, me pregunto sencillamente porqué no habían hecho eso antes, cuando estaban vivos. Estoy asombrado, me pregunto porqué nadie sabía antes de la existencia de esta casa. Pregunto también porqué no forma parte de la herencia familiar. Mi madre no responde nada en concreto, pero me hace saber con su actitud, con sus ademanes, que no hay ningún problema, y que de hecho no tenía porqué ser de otra forma.
En esa casa hay una bodega de muchas cosas antiguas: muebles, sillones, cuadros, roperos porta trajes; muchos de los muebles son de madera, y son piezas con estilo, de coleccionista: muchas me gustan. Han sido coleccionadas con buen gusto, y con cuidado. La casa está repleta de cosas y no se puede caminar libremente.
En la misma casa hay otra recámara donde está mi novia. Sólo la veo de lejos ahí. La recámara está en la primera planta. Ahí también, la mayoría de las cosas son viejas, como las demás antigüedades. Ella disfruta mucho estar ahí, entre esas cosas; le gusta verlas y tocarlas; pero además en esa parte de la casa, también hay cosas que pertenecían a su padre, quizás eso explica que ella esté ahí.
De hecho, me entero que ella ya se ha mudado a México desde hace meses. Esto yo no lo sabía pues ha llegado a esa casa, donde estoy ahora y donde casi no hay lugar para sentarse, o pasar. Todo eso también me sorprende y pienso en ello mientras veo más y más cosas. Finalmente quiero subir hacia donde está ella, pero hay demasiadas cosas alrededor y primero debo moverlas para poder pasar. Mi madre me indica que lo deje así, que así esta bien. Me explica que está bien incluso si ella no quiere salir pronto de ahí, porque está haciendo algo que le gusta.